JULIO CESAR RUBILAR, para los amigos " LALO"... Temprano esta mañana, desde la radio me dejó por varios minutos en blanco, la noticia. Es cierto que le venías peleando por más vida a la enfermedad, pero uno no piensa que una persona como vos, a quien conocí en el ISSMA en 1959, cuando iniciábamos los estudios en el secundario, uno no piensa que un gran amigo como vos, se va a morir.
No lo piensa y de ninguna manera lo espera ni quiere que ocurra.
Pasados esos minutos, la mente empieza a entender que la vida del compañero, amigo, colega y compadre ha finalizado. Entonces uno se remite a esos tiempos maravillosos de la adolescencia, la juventud, la adultez y, desde hace varios años, la vejez. Porque fuimos de la misma edad, amigo querido. Fuiste un hombre íntegro, y te lo dije en el aniversario de tus cincuenta años del casamiento con Mirta, creo que fue el año pasado: "Te felicito porque formaron un hermosa familia." Y es la pura verdad. Así lo señala que en todos los momentos estuviste acompañado, cuidado y amado por tu mujer y tus hijas e hijos. Así como fuiste un docente que cosechaste el prestigio basado en tus méritos, responsabilidad y dedicación. Me consta porque trabajamos juntos dos períodos en la Escuela que fue tu Escuela, la del barrio Tiro Federal.
Fuiste deportista destacado en el Basquetbol y en el secundario nos atrevimos a jugar a hacer teatro. Amigo, colega, compadre, persona ejemplar, te voy a recordar en los años que me quedan y ya que también supiste tocar la guitarra y cantar te despido con estos versos de Alberto Cortez: "Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío, que no lo puede llenar la llegada de otro amigo"
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